Callos y durezas: cuándo son “normales” y cuándo son un aviso

Los callos y las durezas pueden parecer algo “normal”, pero en realidad son, muchas veces, la forma que tiene el cuerpo de avisar de que el pie está soportando presión donde no debería. Se forman por roce y carga repetida, y aunque pueden no doler al principio, con el tiempo pueden convertirse en una molestia constante o incluso derivar en lesiones más profundas. La causa suele estar en un apoyo incorrecto, en un calzado que no se adapta bien, en deformidades como juanetes o dedos en garra, o en una alteración biomecánica que hace que una zona del pie trabaje más de la cuenta. La eliminación casera con cuchillas o productos agresivos es un error habitual, porque puede producir heridas e infecciones y no resuelve el origen del problema. En podología se elimina la dureza de forma profesional y segura, y lo más importante: se estudia por qué aparece. Con recomendaciones de calzado, cuidados específicos, hidratación adecuada y, cuando hace falta, plantillas personalizadas para redistribuir la carga, se consigue no solo mejorar la piel, sino también aumentar el confort al caminar y prevenir que el callo reaparezca una y otra vez.